Decodificando la entrevista para ser policía nacional: 04 – La lógica oculta de las preguntas

Cuando comienzan las preguntas, muchos opositores cometen el error de interpretar la entrevista como un examen oral de conocimientos.
Nada más lejos. El candidato ya pasó una prueba de ese tipo y, por tanto, el objetivo de la entrevista es otro muy distinto.
Cada pregunta, inofensiva o peliaguda, está diseñada para testar una competencia específica del aspirante que nada tiene que ver con cuánto sabe de, aunque la pregunta sea: ‘¿qué sabe usted de…?’.
El detector de clichés
Ante la pregunta fundacional,‘¿por qué quiere usted ser policía?’, una abrumadora mayoría de candidatos recurre a un guion previsible: vocación de servicio público, ayudar a los demás, proteger al ciudadano…
Aunque estas razones pueden ser totalmente ciertas su repetición masiva las ha vaciado de contenido. A oídos de un entrevistador suenan a ruido blanco, a un eslogan memorizado que no ofrece información real sobre el individuo.
No es que se penalice la vocación, faltaría más. Se penaliza la falta de personalización. Un perfil que se esconde detrás de conceptos abstractos y grandilocuentes suele ser interpretado como inmaduro o con una baja capacidad de introspección.
Los entrevistadores no buscan a alguien que recite los valores teóricos de la institución; buscan a quien pueda y sepa conectar esos valores con su propia biografía.
La diferencia entre una respuesta plana y una que capta la atención reside en la especificidad. Decir ‘quiero ayudar’ es genérico. Explicar cómo una experiencia laboral previa en atención al público despertó el interés por la resolución de conflictos, o cómo la figura de un familiar en el cuerpo sirvió de referente, transforma un lugar común en un dato tangible y único.
El salario emocional
Que la recurrencia en las respuestas al lado más poético de la profesión, ya sea verdaderamente sentido o no, le haya restado credibilidad inicial a esas menciones, no debe ser motivo para no referirte a ello si es cierto que es parte de tu gasolina para opositar.
Como ya hemos visto, para ser creíble es fundamental exponer y desarrollar ese sentimiento, con lo complejo que resulta por definición ponerle palabras a algo tan íntimo y profundo.
Por este motivo, puede ayudarte mucho en esa tarea reflexionar previamente sobre un concepto al que ya me referí en «Cosas que contarle a un futuro policía»: el salario emocional.
Me refiero a esas recompensas intangibles, que no aparecen en la nómina a fin de mes, pero que te inundad de satisfacción y plenitud. No hablamos sólo de épica y heroicidades. Más bien de momentos simples y fugaces.
Una mediación tuya que evita que dos personas escalen en su conflicto, un auxilio a una persona mayor que se accidentó, la mirada de un niño que te ve como un héroe de cómic… Ese tipo de situaciones, a priori, intrascendentes, pero que te reconcilian con la dureza del oficio.

Un aspirante que sólo habla de servir y proteger de forma grandilocuente suena a guionizado; uno que sólo habla de estabilidad suena a funcionario gris.
Pero aquel que es capaz de defender que, además de un trabajo seguro, busca un oficio que le ofrezca un propósito más allá de sí mismo, está demostrando una madurez emocional que le otorga una ventaja considerable para ser declarado apto.
La narrativa: el arte de contar tu historia
El cerebro humano no está diseñado para retener listas de datos, sino para recordar historias. Cuando se le pide a un candidato que hable de su trayectoria, la respuesta habitual es una recitación cronológica de títulos y fechas. Es una exposición veraz, pero poco eficaz.
El aspirante que destaca es aquel capaz de transformar su currículum en una narrativa con sentido. No se trata sólo de lo que hizo, sino de qué aprendizaje extrajo de cada etapa.
Un trabajo precario en hostelería puede presentarse como un simple dato (fui camarero) o como una escuela de competencias (aprendí a gestionar conflictos con clientes bajo presión y a trabajar en equipo en un entorno que, a menudo, era caótico). El hecho es el mismo, pero el relato lo convierte en un argumento de venta.
Esta capacidad para empaquetar la propia biografía, dando un hilo conductor a los estudios, los trabajos e incluso los fracasos, transmite madurez.
Demuestra que el sujeto tiene una visión adulta de su propia vida y que su deseo de ser policía no es un capricho, sino la consecuencia lógica de su evolución personal.
La estructura STAR
Cuando los entrevistadores te pregunten algo como ‘cuéntenos una situación de su vida en la que haya tenido que enfrentarse a un miedo importante. ¿Qué ocurrió y qué hizo usted exactamente?’, están aplicando lo que se conoce como la evaluación por competencias.
La premisa es que la conducta pasada predice la conducta futura. O dicho de un modo más simple: la forma más fiable de prever cómo te comportarás mañana no es preguntándote qué harías, sino analizando lo que ya hiciste en una situación similar.
Para que la respuesta a cuestiones de este tipo sea óptima debería tener una estructura que en psicología de selección se conoce como método STAR (situación, tarea, acción, resultado). Es el esqueleto técnico que diferencia una ‘batallita’ irrelevante de una evidencia de competencia.
- La situación es el telón de fondo. Describe el contexto: dónde estabas, cuándo ocurrió, quién estaba involucrado. Es la introducción, y debe ser concisa.
- La tarea, sin embargo, es el objetivo específico que se te encomendó o que tú asumiste. No es lo que pasaba, es lo que había que hacer. Es la misión. Omitir la tarea es un error táctico porque deja tu acción sin un propósito claro.
- La acción es el núcleo de la evaluación. Aquí es donde se describe, paso a paso, qué hiciste tú específicamente. Los entrevistadores necesitan escuchar el ‘yo’. Es frecuente que, por modestia, el aspirante se diluya en el plural (decidimos, hicimos…), lo cual impide evaluar su contribución individual.
- El resultado cierra el círculo. Toca narrar el desenlace; pero también hay que destacar el aprendizaje que extrajiste. Una historia sobre un fracaso donde el sujeto explica qué lección sacó para no repetirlo puntúa más alto en madurez que una historia de éxito donde todo salió bien por puro azar.

El tabú del empleo estable
Existe un temor infundado a mencionar la estabilidad económica como una de las motivaciones para opositar. Muchos candidatos creen que, por ello, parecerán mercenarios.
Sin embargo, el análisis de los examinadores es que un funcionario que aprecia su estabilidad (por ejemplo, para garantizar el bienestar de sus hijos) es un funcionario que, previsiblemente, cuidará su puesto de trabajo y ejecutará correctamente su labor.
Una motivación basada únicamente en el sueldo fijo es un indicador de exclusión, pero combinar la búsqueda de seguridad laboral con una vocación de servicio creíble se interpreta como un signo de madurez.

Te confieso con cierta vergüenza que, cuando opositaba, era de los que pensaba que quien buscaba una plaza por otra razón que no fuera servir y proteger al ciudadano, no la merecía.
El tiempo y las experiencias me enseñaron que esa motivación, tan noble e idílica, se puede apagar por muchas circunstancias (no es mi caso) y que, por el contrario, también se puede encender en funcionarios que opositaron inicialmente por cuestiones más pragmáticas.
Y tú, ¿qué opinas?
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