Decodificando la entrevista para ser policía nacional: 07 – En la piel de los entrevistadores

Cuando te tengan delante, el objetivo de los entrevistadores no será conocerte, será provocarte. Pero… ni te asustes, ni te lo tomes como algo personal.
Es lógico y comprensible. Necesitan ver qué es lo que hay debajo de esa fachada que les muestras.
Y para conseguir ese propósito pueden adoptar diferentes roles o máscaras profesionales diseñadas para atacar mejor puntos concretos de tu personalidad.
Para que no te pillen desprevenido, detallaremos a continuación los principales papeles que suelen ‘interpretar’ los examinadores y qué fines persiguen con cada uno de ellos.
El entrevistador hostil (el borde)
Lo reconocerás enseguida. Es el que te interrumpe a media frase, el que mira el reloj con cara larga mientras hablas o el que niega con la cabeza con un amargo gesto de hartazgo.
Sus frases son cortantes y puede que hasta hirientes:
- Eso no se lo cree nadie
- ¿Seguro que quiere usted ser policía?»
- Ufff, vaya respuesta más floja…
La función de este rol no reside en la humillación gratuita, sino que actúa como una prueba de carga. Es un test de estrés en tiempo real. Al someter al candidato a una presión emocional directa, buscan medir su punto de quiebra.
La pregunta que se hacen no es si la respuesta es buena, sino cómo reacciona el sujeto ante el ataque. ¿Devuelve el golpe con agresividad? ¿Se bloquea y se queda en silencio? ¿Se derrumba emocionalmente? No están juzgando a la persona, están calibrando la resistencia de un futuro policía.

El entrevistador amable (el colega)
Me atrevo a decirte que este es el perfil más peligroso. Es el que sonríe, el que valida tus nervios (‘tranquilo, es normal’), el que utiliza un lenguaje cercano y parece empatizar genuinamente contigo.
Su amabilidad es una herramienta de ingeniería social. Al desactivar tus defensas, busca que te relajes y te olvides de que estás en una evaluación.
El cerebro humano, ante la validación, tiende a bajar la guardia y a buscar la reciprocidad. Es en ese falso clima de confianza donde se producen los mayores ‘sincericidios’.
El candidato, sintiéndose cómodo, empieza a hablar como si estuviera en un bar: la crítica a un antiguo jefe, la anécdota de aquella fiesta que se fue de las manos, el comentario político fuera de lugar…
En este contexto, la amabilidad es una técnica para extraer la verdad sin filtros, la que el opositor nunca confesaría bajo presión.

El entrevistador neutro (el soso)
Este rol ataca directamente a la inseguridad. Es el evaluador que apenas gesticula, que mantiene una expresión de póker y que, sobre todo, domina el arte del silencio.
Tras una respuesta… se calla. Cinco segundos, diez… El silencio en una conversación de alta tensión es un vacío que el cerebro humano necesita llenar a toda costa.
El candidato, incómodo, siente la necesidad casi irrefrenable de seguir hablando. Y para llenar ese hueco, suele sobre-explicarse, añadir detalles innecesarios, matizar su respuesta anterior o, en el peor de los casos, llegar a contradecirse.
El silencio del entrevistador es una invitación a que el aspirante se ahorque con su propia soga verbal. Él/ella no necesita preguntar más; sólo esperar para comprobar si el nerviosismo del candidato le juega una mala pasada.
Y tú, ¿qué opinas?
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