Futuros policías

Decodificando la entrevista para ser policía nacional: 06 – Supuestos: termómetros de sentido común

Cuando la entrevista da un giro y abandona la biografía personal para plantear un caso práctico, el candidato entra en un simulador.

Los entrevistadores le colocan virtualmente en el puesto al que aspira y le lanzan un problema:

  • Usted presencia un atraco fuera de servicio
  • Un compañero comete una ilegalidad delante de usted…
  • Un individuo le amenaza con un arma blanca

Como ya dijimos en pasajes anteriores que la entrevista NO es un examen de conocimientos, no te sorprenderá si te digo que la respuesta que pretenden escuchar no se basa en tipificar el delito (si lo hubiera) o recitar el Código Penal. Lo que pretenden evaluar es tu criterio operativo.

El escudo ético: los principios básicos de actuación

La mejor herramienta a la que puedes recurrir para una respuesta adecuada no es tanto el Código Penal sino la Ley Orgánica 2/86 de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. En concreto, a la tríada de principios que actúan como brújula moral y operativa de cualquier agente: congruencia, oportunidad y proporcionalidad.

Cuando un entrevistador plantea una situación límite a un opositor, no espera una lección magistral de derecho o una disertación sobre operativa táctica. Espera, sencillamente, una secuencia de acciones lógicas.

Si el aspirante se extiende en tecnicismos pero olvida los pasos básicos de una intervención (asegurar la zona, pedir apoyo, atender a la víctima…), está demostrando una desconexión con la realidad del trabajo policial.

La respuesta que se valora es la que sigue el orden de prioridades en la calle: primero, la seguridad (propia y de terceros); segundo, la asistencia a quien la necesite; y sólo en último lugar, la persecución del delito.

El perfil que invierte este orden para jugar a ser un héroe de película proyecta una inmadurez operativa peligrosa.

El falso compañerismo: cuando la lealtad es delito

Dentro de la batería de supuestos, existe una categoría diseñada para testar la integridad del candidato: el conflicto de lealtades. La pregunta suele ser directa:

  • Su compañero de patrulla, que también es su amigo, se apropia de dinero en una intervención. ¿Qué haría usted?

Si el aspirante duda, titubea o busca una solución intermedia (del tipo ‘hablaría con él para que lo devolviera’), suspende el test de integridad. Aquí, el criterio del tribunal es tajante e implacable: si este opositor/a, en un entorno teórico y controlado, es capaz de encubrir un delito por amistad, ¿qué no hará en la calle sin testigos?

El concepto de compañerismo que valora la institución no es el de la complicidad, sino el de la protección mutua, y siempre dentro de la legalidad.

El tabú del uso de la fuerza

Los supuestos que involucran el uso del arma de fuego son los más delicados. Los entrevistadores pueden plantear al opositor distintos escenarios de amenaza para medir su templanza y criterio.

La fantasía cinematográfica lleva a muchos a creer que la eficacia policial se demuestra con una reacción contundente e inmediata.

Pero en la realidad, utilizar el arma es el último recurso, el fracaso de todas las vías anteriores. Por ello, cuando un evaluador te sitúa ante una amenaza, por ejemplo, con arma blanca, quiere saber si serás capaz aplicar el principio de proporcionalidad.

La respuesta que se valora es la que demuestra una escalada lógica: seguridad y distancia, conminación verbal autoritaria y, sólo como opción final ante un ‘riesgo racionalmente grave para la vida’, el uso de la fuerza letal.

El tribunal penaliza por igual al opositor de gatillo fácil y al que se paraliza; buscando el equilibrio de quien agota las vías pacíficas pero no duda cuando la vida está en juego.

La flexibilidad cognitiva

A menudo, los examinadores retuercen sobre la marcha un supuesto inicial. Su pretensión con ello no es que saber si el aspirante será capaz de encontrar la solución perfecta a un problema más complejo, sino medir su flexibilidad cognitiva.

Se busca descartar perfiles rígidos, incapaces de adaptarse a nueva información bajo presión. Un candidato que defiende su actuación pero es capaz de rectificar si se le presenta un dato nuevo no muestra debilidad, sino inteligencia operativa.

Y tú, ¿qué opinas?

Si quieres dar tu opinión o hacer algún aporte sobre las cuestiones que trata esta entrada, te leo en el apartado de comentarios y te invito a que compartas el artículo. ¡Gracias! 🙂

Javier del Molino

Crecí en el barrio de Pizarrales (Salamanca), lugar de nacimiento de un famoso delincuente: «el Lute». Pero yo elegí el otro bando. Por eso hoy escribo sin pretensiones de fama ni fortuna, pero con conocimiento de causa, sobre el bien y el mal, sobre policías y ladrones, sobre criminología y criminales…

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