Decodificando la entrevista para ser policía nacional: 05 – Los prejuicios del tribunal

Es lógico que en un proceso de selección con tantos aspirantes, el cerebro de un evaluador necesite economizar recursos. Para ello recurrirá a un mecanismo psicológico básico: la categorización.
La edad, la formación académica previa o el número de veces que un candidato se haya presentado a la oposición son los factores más habituales para ‘colocarle una etiqueta’ antes siquiera de verle la cara o leer su biodata.
Ese arquetipo inicial ni es inamovible ni malicioso: es sólo un atajo operativo, pero viene acompañado de una serie de prejuicios que, a buen seguro, generarán varias preguntas durante la entrevista.
El joven aspirante (18-23 años): la sombra de la inmadurez
Este perfil ofrece, por un lado, la ventaja de la plasticidad: es un candidato moldeable, sin vicios adquiridos y con una condición física en su punto álgido, ideal para ser formado desde cero.
Sin embargo, la sospecha que pesará sobre él será la de la inmadurez. El tribunal no quiere encontrarse con un idealista que base su vocación en las series de televisión o que nunca haya enfrentado responsabilidades y que podría quebrarse ante la crudeza de la realidad policial.
Por ello, la entrevista para este tipo de perfil se convierte en un test de madurez. Las preguntas querrán explorar su autonomía real:
- ¿Vive con sus padres?
- ¿En qué colabora en casa?
- ¿Cuál ha sido el mayor problema que ha resuelto por si mismo?
El objetivo es encontrar a un adulto funcional debajo de esa apariencia juvenil. Si las respuestas denotan dependencia o ingenuidad, el prejuicio se confirma. Si, por el contrario, el candidato demuestra una responsabilidad y un aplomo impropios de su edad, rompe el estereotipo.

El veterano (más de 30 años): la duda de la flexibilidad
En el extremo opuesto, el candidato que supera la treintena se enfrenta, como es lógico, al prejuicio contrario. Su madurez se da por sentada, pero se cuestiona su flexibilidad.
Se teme que sea una persona con vicios del sector privado, con aversión a la jerarquía o con dificultades para acatar órdenes de un superior más joven.
El interrogatorio se centrará en su capacidad de adaptación y en la autenticidad de su vocación:
- ¿Cómo llevaría el régimen tan estricto que se sigue en Ávila?
- ¿Está preparado para marcharse a trabajar a otra ciudad que sea la suya?
- ¿Por qué ahora y no hace diez años?
El perfil veterano que supera el filtro es aquel que proyecta humildad, compromiso y que vende su experiencia no como un lastre, sino como un activo de templanza y capacidad de resolución.
El ‘eterno’ opositor
El candidato que se presenta por tercera, cuarta o sucesivas veces es un perfil complejo. Por un lado, su persistencia es una prueba irrefutable de compromiso.
Sin embargo, genera una duda inicial en los examinadores: ¿por qué habrá suspendido tantas veces?
La entrevista buscará signos de desgaste psicológico, resentimiento hacia el proceso (me tienen manía) o una rigidez que le impide corregir los errores que le hicieron caer en convocatorias anteriores.
Para que en esta ocasión sí logre el ansiado ‘apto’, el opositor que se encuentra en esta situación deberá ser autocrítico con sus fracasos pasados y evidenciar capacidad de introspección, propósito de enmienda y resiliencia en lugar de victimismo.

El presunto ‘rebotado’
Hablamos del perfil de candidato que decide opositar contando con una formación o carrera de alto grado y que poco o nada tiene que ver con la labor policial. La sospecha inmediata del tribunal sobre él/ella será la falta de vocación real.
La hipótesis de trabajo de los entrevistadores será que sólo quiere ser policía para huir de la precariedad y dificultades del sector privado.
El interrogatorio será un ataque directo a la línea de flotación de su motivación:
- ¿Por qué abandona una carrera prometedora en x para patrullar?
- ¿No cree que realizará tareas por debajo de su cualificación?»
Si el discurso se centra únicamente en la estabilidad laboral, se confirma el prejuicio. Para ser declarado apto, el candidato debe construir una narrativa sólida que conecte sus habilidades previas con la función policial, demostrando que su decisión no es una huida, sino una reorientación profesional meditada.
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