Decodificando la entrevista para ser policía nacional: 08 – Minuto final y dos posibles resultados

Como es lógico, llegará un momento en el que las preguntas cesarán. Los entrevistadores se miran entre sí y, tras un breve silencio, uno de ellos formula la que suele ser la cuestión: ‘Bien, por nuestra parte hemos terminado. ¿Quiere usted añadir algo?’
Esa frase, disfrazada de simple formalidad y cortesía es, en realidad, la última prueba.
El entrevistado, agotado por la tensión, puede percibirla de maneras muy distintas, y casi todas ellas, peligrosas. Algunos, como la señal que tanto ansiaban para salir corriendo y dejar de pasar un mal rato.
Otros ven una invitación para soltar un discurso grandilocuente sobre sí mismos que no han tenido ocasión de colocar antes.
Y otros, sintiendo que han suspendido, ven la última oportunidad para implorar de forma desesperada el apto.
El minuto de oro (y la salida)
Los entrevistadores no quieren ni bombas de humo, ni mítines, ni súplicas. Con esa pregunta final pretenden evaluar el criterio y el autocontrol del candidato hasta el último segundo.
Responder con un seco y tajante ‘no, nada más’ suele ser un error. Se interpreta como falta de interés o como si el candidato tuviera prisa por marcharse.
En el extremo opuesto, lanzarse a un monólogo de varios minutos enumerando méritos se percibe como inseguridad o, peor aún, como incapacidad para entender los tiempos de la conversación.
Debes entender esta parte final de la entrevista como un ‘minuto de oro’. Un espacio breve, de no más de treinta o cuarenta segundos, para cerrar la actuación con un broche de profesionalidad y humildad.
Una fórmula exitosa para ello es la que combina agradecimiento y reafirmación. Dar las gracias a tus examinadores por su tiempo y por haberte dado la oportunidad de defender tu candidatura es un signo de educación y respeto institucional.
Y a continuación, sin extenderse, reafirmar el deseo de formar parte del cuerpo, no desde la súplica, sino desde la convicción serena.
La evaluación, sin embargo, no termina ahí. Continúa hasta que el candidato abandona el edificio. La salida debe ser tan formal como la entrada.

Hay ocasiones en la que uno de los examinadores acompaña al opositor y le lanza una pregunta informal en el pasillo. Es la última trampa de confianza.
Mantener la compostura y la neutralidad hasta pisar la calle es la señal definitiva de que se ha entendido la naturaleza de la prueba.
Los dos posibles resultados
El golpe: análisis de un ‘no apto’ como herramienta
Recibir la calificación de ‘no apto’ debería entenderse como un diagnóstico técnico, en lugar de un juicio personal.
Esto es muy fácil de decir (o de escribir), pero la realidad es que el común de los mortales percibirá y, sobre todo, sentirá (al menos, inicialmente) una calificación así como un fracaso absoluto y un veredicto sobre la propia valía. En ese momento, el opositor puede tomar dos caminos:
Por un lado, el del victimismo. Tal vez sea la reacción más humana pero también es la más improductiva. Consiste en buscar culpables externos: los entrevistadores fueron muy hostiles, las preguntas eran injustas, sólo aprueban los ‘enchufados’…
Esta narrativa, aunque alivia la herida del ego a corto plazo, es una trampa mortal. Si se mantiene en el tiempo, evidencia en el opositor una falta de madurez que pudo ser, perfectamente, lo que llevó a los entrevistadores a desestimar su candidatura.
Un policía no puede permitirse el lujo de culpar a otros de sus resultados.
Pero por el flanco contrario está el camino de la resiliencia. Asumir el golpe, pasar el duelo y, con la cabeza fría, empezar a trabajar. El primer paso es realizar un ejercicio de honestidad brutal con uno mismo: verse desde fuera y con la perspectiva (la mirada) quirúrgica de un evaluador imparcial.
Ser consciente de tus tics nerviosos, de tus respuestas dubitativas, de la postura encongida que adoptaste o de la incoherencia en algunas partes de tu discurso es la mejor manera, por no decir la única, de no volver a incurrir en esos errores.

Es entonces cuando el ‘no apto’ deja de ser un castigo para convertirse en un diagnóstico y señala con precisión las áreas a mejorar. Tal vez el problema no era la motivación, sino la comunicación. Quizás no era tu personalidad, sino la gestión del estrés…
Un opositor que es capaz de llegar a la siguiente convocatoria y explicar su ‘no apto’ anterior evidencia un trabajo de introspección y un espíritu de superación que resultan de un valor incalculable para una institución como el Cuerpo Nacional de Policía.
La euforia: análisis del ‘apto’ como punto de partida
Conseguir el ansiado ‘apto’ desata una euforia comprensible, pero que debe manejarse de forma adecuada. Algunos opositores sienten que, al leer esas cuatro letras, por fin han llegado a la meta.
Pero tal cosa es un error garafal, porque superar la oposición sólo es el el pistoletazo de salida de la verdadera carrera. Después llegará el paso por la Escuela de Ávila, que no es un premio: es el siguiente filtro.
El opositor que llega a la academia con una actitud de arrogancia, creyendo que ya lo tiene todo hecho, suele ser el primero en chocar contra el muro de la disciplina, el estudio y el sacrificio.
La transición mental que supone pasar de opositor (rol individualista y competitivo) a policía-alumno (rol diluido dentro de un colectivo jerarquizado) exige del candidato capacidad de adaptación y humildad. Conceptos que chocan de pleno con quien crea/sienta que ya ha hecho todo lo que tenía que hacer para conseguir su plaza.

Conclusión: hemos desarmado al ‘coco’
Llegamos al final de esta autopsia por escrito. A lo largo de esta serie de artículos hemos desmontado el motor (la entrevista), hemos expuesto sus engranajes y analizado la lógica que se esconde detrás de cada una de sus piezas.
El objetivo, como ya te indiqué en la introducción, nunca fue darte trucos o listados de respuestas. Pretendíamos algo mucho más complejo: desarmar tus miedos.
La incertidumbre que sentías al principio nacía de percibir la entrevista como una túnel oscuro y profundo. Ahora, ese túnel no sólo está iluminado en todo su recorrido; también tienes el mapa para recorrerlo.
Después de todo este análisis hemos comprobado que la entrevista se sustenta en un principio básico: no se supera fingiendo ser alguien que no se es, sino defendiendo con inteligencia y honestidad la persona que se ha sido hasta ese día.
A la hora de seleccionar a los futuros policías no se buscan perfiles perfectos, sino realistas, con sus cicatrices y sus lecciones aprendidas de ellas.
Ahora, cuando llames a la puerta de esa sala, ya sabrás lo que hay tras ella. Sólo tienes que respirar, caminar hacia tus entrevistadores y ser le mejor versión de ti mismo.
Compañero/a: ¡Ojalá nos veamos pronto en la calle! ¡Mucho ánimo y buena suerte!

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