Ana Orantes: la mujer que murió quemada tras denunciar malos tratos en TV

El 17 de diciembre de 1997, Ana Orantes fue cruelmente asesinada (quemada viva) en el patio de su casa en Cúllar Vega (Granada). Diez días antes había narrado en televisión cómo soportó 40 años de malos tratos a manos de quién acabo siendo su verdugo.
Su trágica muerte marcó un antes y un después en la lucha contra la violencia de género en el país.
Décadas de violencia y aislamiento
Ana Orantes conoció a José Parejo en las fiestas del Corpus de Granada en 1956. Tenía 19 años y él, alto y corpulento, no tardó en convertirse en su sombra.
La relación comenzó con amenazas veladas, chantajes emocionales y una boda forzada. Pronto, los insultos se convirtieron en golpes y los golpes en torturas diarias.
«Yo le tenía pánico, le tenía horror», diría Ana años después. Su vida se convirtió en una sucesión de palizas, vejaciones y amenazas. Parejo no sólo la golpeaba, también la aisló completamente de su familia, obligándola a mudarse repetidamente para cortar cualquier red de apoyo.
Los hijos de la pareja también sufrieron al monstruo. «Mi hija me dijo un día: ‘Mamá, pero ¿por qué papá me toca en los muslos?’ Yo me quedé de piedra», contó Ana en televisión, revelando los abusos de Parejo hacia sus propias hijas.
Un divorcio insuficiente
En 1996, tras varias denuncias ignoradas, Ana logró el divorcio. Sin embargo, la decisión judicial que se suponía que debía protegerla terminó condenándola.
Un juez determinó que ambos debían seguir compartiendo la casa familiar, viviendo en plantas separadas.
Durante un año, José Parejo intentó mantener una apariencia de calma, pero la ira seguía creciendo en su interior.

El 4 de diciembre de 1997, Ana Orantes fue entrevistada en el programa Tarde en Tarde, de Canal Sur. Con una serenidad sobrecogedora, relató los horrores de su matrimonio: «Me daba un puñetazo y me dejaba muerta. Me hacía boca a boca y cuando respiraba otra vez, me daba otro puñetazo».
Durante 35 minutos, detalló los abusos que había sufrido, la indiferencia de los jueces y su miedo constante.
Un asesinato anunciado
El testimonio de Ana no sólo impactó a la audiencia, sino que encendió la furia de José Parejo, que quedó expuesto ante toda España como el maltratador que era.
Según testigos, en los días siguientes mostraba un estado de ira creciente. «El día que vi la entrevista, supe que la mataría», llegó a declarar uno de sus hijos.
El 17 de diciembre, tras ser citado en el juzgado por una nueva denuncia de Ana, Parejo compró gasolina, esperó a que ella llegara a casa y, sin mediar palabra, le arrojó el combustible por la espalda y le prendió fuego. La mujer murió entre llamas en el patio del chalet ante los ojos de su nieta de 12 años.
Horas después, el asesino se entregó en un cuartel de la Guardia Civil con las manos quemadas. «He discutido con mi mujer y la he matado», dijo con frialdad.
Justicia y un cambio irreversible
El juicio fue rápido y contundente. En 1998, José Parejo fue condenado a 17 años de prisión por asesinato con alevosía. Murió en la cárcel en 2004, habiendo cumplido sólo un tercio de su condena.
Pero su crimen tuvo una repercusión que trascendió su castigo. Hasta entonces, la violencia de género era vista como un problema doméstico, un asunto privado.

La muerte de Ana Orantes sacudió la conciencia colectiva y puso en evidencia la ineficacia del sistema para proteger a las víctimas.
En 2004, el Gobierno aprobó la Ley Integral contra la Violencia de Género, la primera de su tipo en Europa. Ana Orantes no fue, ni mucho menos, la primera víctima, pero su historia fue la que lo cambió todo.
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Que valiente fue en vida, descanse en paz.
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